Y es que desde mi punto de vista, hay ciertos lugares a los que he viajado donde he dejado pequeños pedacitos del alma, mismos que cuando me concentro, me permiten regresar a esos lugares.
Comencé a sospechar de esto hace algunos años, me encontraba en un proyecto en Bogotá, platicando con algunas personas a quienes acababa de conocer y quienes con el tiempo se convirtieron en grandes amigas y me preguntaron como era Madrid y al describirlo sentí el mismo aire frío recorriendo mi espalda, como si estuviera nuevamente ahí.
Pero la reafirmación de mi teoría vino algún tiempo después, cuando después de como seis años regresé a Panamá y pude nuevamente ir a cenar al restaurante “Las Bóvedas”, el gozo que sentí en mi corazón fue similar al que tienes cuando ves a alguien a quien quieres, fue como si mi alma se encontrara con el pedacito que se había quedado ahí y como dos enamorados se regocijaran al verse, suena cursi pero no se me ocurre otra forma de describirlo; el mismo sentimiento tuve cuando años después volví a sentarme a comer en la "Zona T" en Bogotá o cuando volví al parque Ibirapuera en Saõ Paulo.
Al principio pensé que al tratarse de lugares "famosos" de ciudades a las que no voy muy seguido, era normal sentirme así, pero entonces apareció en mi vida el jardín botánico de Bellevue, en Washington, al que la vida me ha dado oportunidad de ir mucho más seguido y en donde terminé de volverme un corredor, cada vez que voy tengo el mismo sentimiento de gozo, se alegra mi corazón ... y ahora mismo, mientras vuelo a Seattle, no pienso en otra cosa que tomar el auto (y mis tenis) y darme una vuelta por ahí.
El restaurante “Las Bóvedas” en Panamá, las "Vitrinas de Piel" en la calle Gran Vía en Madrid, el Parque de la 93 y la "Zona T" en Bogotá, el Parque de las Esculturas en Izcalli o el Espacio Escultórico de la UNAM en la Ciudad de México, Laguna Verde en Veracruz, el Jardín Botánico en Bellevue, Washington y el hermoso Golden Gate en San Francisco son algunos de los lugares donde he dejado "pedacitos del alma", todos lugares a donde me gustaría volver otra vez. Si sigo viajando tanto espero tener suficiente alma para ir dejando "pedacitos" por ahí.
También hay personas que pasan por nuestras vidas y causan el mismo efecto e incluso mayor, pero esa es otra historia ...
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ReplyDeleteHola Héctor, aun no te conozco personalmente sin embargo con todo lo que te tiene de estima Jesús y lo que me ha contado de sus aventuras pasadas, siento como si lo hiciera. Con tu relato uno se traslada a los lugares que con tanto cariño describes,( algunos que también he tenido oportunidad de conocer y los que no con deseos de hacerlo) hiciste que cerrara los ojos y me transportara con todas las sensaciones y emociones que los recuerdos conllevan, haces sentir y remueves... y no hay nada que llene más el alma que regalar desinteresadamente pedazos de uno mismo a los demás, hacer que los que te leen hagan un alto del tedio diario y se pierdan por minutos en el " punto de vista" de otra persona, esto siempre reconforta y alimenta, mucha suerte con tu blog, y si me permites decirlo, recuerda que el hombre que escribe bien, escribe no como los demás, sino como el mismo y tú lo haces así; Bien... buena vida.
ReplyDeleteLeticia Menéndez
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