“A veces me gustaría volver a ser el que era cuando soñaba con llegar a ser el que soy”
Una poderosa frase, llena de nostalgia pero también de contenido, cortesía de uno de mis escritores favoritos y mi terapeuta de cabecera, Jorge Bucay.
Leí la frase hace algunos años en uno de sus libros y desde entonces pensé que era mi frase para conmemorar mi llegada a los cuarenta. La guardé, y se empolvó, esperando que este hombre que hoy soy se acordara de aquel joven que hace veinte años, recién egresado de su carrera universitaria, soñaba, anhelaba y solo veía el mundo por delante, y que parecía tan pequeño.
Hoy, en el asiento 19C de un vuelo de mi hogar, hacia mi nuevo hogar, pienso en ese jovencito y me gustaría mucho darle mil consejos, prevenirlo de muchas equivocaciones, felicitarlo de antemano por sus futuras victorias pero lo más importante, pedirle que nunca deje de mirar para adelante, que nunca deje de querer seguir creciendo, de trascender …. y es que, desde mi punto de vista, nunca deberíamos dejar de querer comernos al mundo.
La crisis de los cuarenta, el punto de revisión, la crisis de la mediana edad; se han utilizado, se utilizan y se utilizarán muchos nombres para describir el momento de la vida en que uno se detiene a pensar, voltea hacía atrás y se pregunta si esta cerca de las metas que te trazaste cuando eras joven, si has seguido el camino correcto y si debes ajustar el rumbo para el resto de tu vida. Por alguna razón, muchos hombres escogemos nuestro cumpleaños cuarenta para hacer tal revisión.
Hay muchas cosas que he estado revisando en mi vida:
Me he preguntado si he sido un buen padre, si le he dado a mis hijos lo mejor de mi, si he sido un buen ejemplo, si he procurado estar con ellos en los momentos importantes de su vida, si les he dicho suficientes veces cuanto los amo, si les digo con la frecuencia necesaria que estoy orgulloso de ellos, si conozco su música favorita, si se quienes son sus mejores amigos y quienes han sido sus novias, si vendrán a pedir mi consejo o mi ayuda cuando se metan en problemas … por supuesto que para nada me pongo una calificación perfecta, pero creo que tampoco me debo dar una calificación reprobatoria … a menos, claro, que tome en cuenta lo mal que me siento de que por mi culpa sean aficionados del Cruz Azul. Después de pensarlo mucho me di cuenta que esa evaluación realmente no depende de mi, sino de ellos, a Daniel y a David les corresponde decir eso.
También me he preguntado si he sido un buen hijo, si les he dado muchos problemas a mis padres, si aproveché al máximo todas las oportunidades que tuve gracias a su esfuerzo, si les he dado motivos suficientes para sentirse orgullosos, si les pedí perdón por cada vez que me puse grosero, si le he dicho a mi mamá suficientes veces lo bella que es y lo delicioso que cocina, si le he dicho a mi papá claramente que es mi modelo a seguir y lo agradecido que estoy por todas esas largas horas de trabajo, que cuando me ha tocado hacerlo siempre recuerdo que ellos lo hicieron primero por mi, si les llamo con la frecuencia suficiente y si estoy seguro de que no hay nada pendiente de decir si algún día me faltan. Y de la misma forma, después de pensarlo mucho me di cuenta que esa evaluación tampoco depende de mi, sino de ellos, son Nora y Adolfo a quienes corresponde decir eso.
Claro que me pregunté si he sido un buen esposo … esa revisión fue rápida. Pero de todas formas esa evaluación tampoco depende de mi, y ahí si conozco la respuesta. De corazón y publicamente, lo siento.
Me he preguntado si soy un buen amigo, si les llamo o les escribo suficiente, si me tomo el tiempo de verlos a todos, si nos hemos reído bastante juntos, si conozco a sus hijos, si he estado ahí para apoyarlos cuando me han necesitado, si les he dado las gracias por todas las veces que me han apoyado, si nos hemos metido juntos en problemas y si los he hecho sentir a todos y cada uno de ustedes valiosos en mi vida, porque lo son. ¡Muchas Gracias!
Me he preguntado si he trascendido, si estoy dejándole algo al mundo; si he hecho diferencia, aunque sea pequeña, en la vida de gente necesitada, si tengo actos espontáneos de generosidad con extraños en la calle, si he dado buenos consejos y buen ejemplo, si hay quienes pueden decir que aprendieron algo de mi … entonces me di cuenta que aún no he hecho nada como para que le pongan mi nombre a una calle o a un premio, bueno, ni siquiera a un Kinder Garden … ¡Así que he decido comprar uno!
También, escuchando una de mis canciones favoritas, me he preguntado si he viajado lo suficiente, si he amado intensamente, si he hablado dulcemente, si he perdonado, si soy mejor pareja ahora y si haría lo mismo en caso de tener la oportunidad de volver a comenzar.
Y claro y por supuesto que me he preguntado si he tenido el éxito profesional al que yo aspiraba cuando era ese chico que quería comerse al mundo, así, como a una manzana.
Una amiga me preguntaba porque los hombres hacemos tal revisión de nuestras vidas a partir del éxito profesional y que porque el trabajo era tan importante como parámetro de análisis. Yo creo que es por nuestra naturaleza de proveedores de nuestras familias y porque inconscientemente sabemos que detrás de nosotros vienen miles de esos jovencitos, que al igual de nosotros hace algunos años, están llenos de energía, de ambiciones, de sueños, de ideas innovadoras … y que de la misma forma que nosotros hicimos, están listos a aprender de nosotros y eventualmente retarnos por los liderazgos en nuestro trabajo, por convertirse en los “Alfa” de la manada, yo creo que esa ambición está en nuestros genes como en el de los leones o los lobos, muy escondido en el DNA.
Debo reconocer que desde el punto de vista profesional no estoy exactamente donde yo esperaba estar al llegar a los cuarenta, pero justo a tiempo alcancé una de mis metas más importantes, me siento contento y por eso ahora me he planteado nuevas metas, esa manzana aún tiene mucho que quiero morder y estoy determinado a lograrlo.
Quisiera cerrar este mi regreso a mi blog y mi celebración de mi cumpleaños cuarenta con otra frase de Jorge Bucay
“Un día a los cuarenta años pensé: en el fondo del espejo me espía la vejez, es incansable, al final me atrapará”.
Y si, al final me vencerá, pero tengan por seguro que de la misma forma que Aquiles dijo de Héctor, ella dirá que he sido un adversario formidable … pero esa es otra historia, hoy la comienzo a escribir.
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